Las propuestas electoreras que el sistema partidario ofrece mediante la masiva propaganda que se desata a escasos días de las elecciones para diputados y alcaldes, está llena de repeticiones vacías y de un análisis errado de la realidad muy conveniente para los grupos gobernantes y los intereses tras ellos.

Basta recordar los trillados discursos que se suceden en los ciclos electorales que incluyen la disminución de la pobreza, la generación de empleos, atracción de inversiones, crédito a emprendedores, apoyo a la juventud, etc., ofertas que atienden a la persistencia de dichas problemáticas, al incumplimiento de promesas y a la superficialidad de las mismas.

Tomando en cuenta el comportamiento de los gobiernos nacionales y municipales sin distinción, en sus proyectos de juventud podemos apreciar el irrespeto a dicho sector de la sociedad y una vez más se reafirma que sólo construyendo opciones políticas más que partidarias se abrirán los espacios necesarios para el mejoramiento del relevo generacional.

Por citar ejemplos concretos desde la batucada, grupo de danzas, grafitis, teatro hasta las becas para educación media, superior y no formal pasan por ser puntos dispersos de una estrategia improductiva e inviable para la juventud.

Las artes y las expresiones culturales cada vez más globales, signos de la pérdida de identidad de los pueblos, no están inmersos en la construcción de un sujeto social, ya sea más cooperativo, patriota, emprendedor o el perfil que un plan de desarrollo local, regional o estatal ponga a la base, en integración con los demás esfuerzos.

La improductividad de los planes destinados a la formación juvenil, desde perspectivas generales  se ven opacadas por la asistencia artística, no sólo por la distancia de éstas con las apuestas por el crecimiento económico y el desarrollo material de la población. Sino porque tales actividades como una danza moderna, gravitan entre luces intermitentes, sonidos estridentes y humo cegatón que no permiten ir al problema real, escuchar la necesidad central y ver la solución adecuada al problema juvenil.

Los cursos de oficios, los talleres de emprendedurismo, las becas, etc., que desde los gobiernos se ofertan, evidencian en el plano teórico la ausencia de una estrategia de desarrollo, en el plano operativo un esfuerzo inconcluso, propios de un análisis errado de la realidad y de la incapacidad de los gobernantes.

Los cursos y las becas sólo legitiman y complementan el sistema de educación formal e informal del país, (que discusión aparte es excluyente, despegado de la realidad y desfasado), por ejemplo las becas de inglés no son para que los jóvenes bilingües opten luego por becas en el extranjero mediante convenios internacionales para obtener los cuadros científicos que una estrategia de desarrollo debe tener, son escasamente un adimento en el currículum juvenil para que engrose las filas de los centros de servicios en ingles que van desplazando a la industria textil; las becas en educación media y superior no van acompañadas de la colocación laboral y el ejercicio profesional, ni parten de las necesidades locales del gobierno que las concede, se dejan a la libre elección sin considerar los saberes pertinentes para problemáticas específicas que obstruyen el desarrollo.

Basta ya de programas y políticas inviables, desde una óptica de progreso capitalista los jóvenes buscan más que un grafiti sobre una pared compuesta con materiales importados o proveídos por capital foráneo, buscan participar en la producción y en el ingreso, aun como asalariados. La población joven en las sociedades actuales es generalmente la que más dinamiza el consumo, pero es la que mayores tasas de desempleo y subempleo presenta, y a la vez es la población más lacerada por la violencia y el crimen, la generación perdida, la que pone los muertos y los asesinos, pero no pone gobernantes, altos funcionarios, ni siquiera su punto de vista y menos su voto en la agenda política.

Parte de la participación juvenil en el ingreso se da mediante formas virales y horrorosas como extorsiones, secuestros y asesinatos; mediante desplazamientos forzados nacionales e internacionales, con la expulsión sistemática de emprendedores y profesionales; mediante el abuso laboral de bajos salarios y subocupación.

No es de extrañar que las recetas de los gobernantes han malformado un escenario capaz de invadir la inocencia de las juventudes y ante  tan grave situación la solución vuelve a ser repetir las recetas. Es lógico pensar que mientras la vil delincuencia, los horrores diarios, lo sádico del preludio mortal, las vejaciones inhumanas, la histeria colectiva y el delito de ser joven y mal cruzar una calle –o salir a ella-, sean una realidad que no traspase la frontera económica ni dañe el estatus de la clase gobernante fáctica y formal el problema sólo se profundizará.

El espectro partidario sin excepción mantiene su objetivo de neutralizar a la juventud, de utilizarla como números que mal otorgan legitimidad, en más dos décadas post conflicto han reiterado su desinterés por esta, su éxito es arrollador pues aún no surge el contrapeso político de parte de la población que demande lo mínimo que se merece.

A la población juvenil nacional, su protagonismo no es emitir el sufragio, es la coincidencia de esfuerzos organizados, la construcción del poder político que transforme esta sociedad en una de progreso y paz.

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Elaborado por: Licenciado Héctor Ezequiel Méndez, Economista.

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