El problema radica no solo en las condiciones objetivas o base económica que lastra las posibilidades de superación y niega ilegítimamente el derecho a soñar a la juventud salvadoreña[1][2] sino también en que como consecuencia de ello y jamás como causa, se transforman las condiciones subjetivas o superestructura en unas que permiten la perpetuación y desarrollo de la base económica. Allá donde no alcanza a llegar la alienación económica suscitada durante el proceso productivo[3] y los efectos a posteriori que esta tiene (un cerebro fatigado en un cuerpo fatigado es un cerebro que difícilmente pensará críticamente), allá donde no alcanza a llegar la alienación religiosa[4] y demás formas de alienación, vaya que sí llega la hegemonía cultural[5] para mantener el orden de cosas existentes sin alteración alguna. La hegemonía cultural del Neoliberalismo imprime en todos los sectores de la sociedad su sello específico, el cual consiste básicamente en lo que plantea Bauman cuando dice que “En nuestros tiempos, se ha deslegitimado la idea de auto-sacrificio; la gente ya no se siente perseguida ni está dispuesta a hacer un esfuerzo por alcanzar ideales morales ni defender valores morales; los políticos han acabado con las utopías y los idealistas de ayer se han convertido en pragmáticos. El más universal de nuestros eslóganes es «sin exceso». Vivimos en la era del individualismo más puro y de la búsqueda de la buena vida, limitada solamente por la existencia de tolerancia (siempre y cuando vaya acompañada de un individualismo auto-celebratorio y sin escrúpulos, la tolerancia sólo puede expresarse como indiferencia)”[6].

La juventud salvadoreña busca únicamente linealidad y tranquilidad en sus vidas, descartando completamente la idea de realizar algún auto-sacrificio por sus semejantes, pues a diferencia de lo que sucedió hace algunas décadas, ya no son perseguidos de ninguna forma, por lo cual no se plantean realizar un mínimo esfuerzo por alcanzar ideales morales y menos aún defender ideales morales, pues el único principio que les parece funcional en el Capitalismo Periférico en el que viven es el de la búsqueda de la acumulación de capital; por supuesto que esto solo representa una quimera, pues la gran virtud del capitalismo es que ha privatizado la propiedad y colectivizado los sueños, es decir, nuestros jóvenes se levantan soñando, transcurre su día soñando y se van a dormir soñando, ¿con qué?, con la acumulación de capital. Por supuesto que aunado a la problemática planteada también se encuentra la cuestión del individualismo auto-celebratorio y sin escrúpulos que de ella se deriva, con la tolerancia que no expresa más que indiferencia que le corresponde; los movimientos políticos estudiantiles en los distintos rincones del país se convierten, al igual que a nivel macro-político, en pequeños partidos políticos que no tienen ya dirigentes sino que propietarios, que solo buscan el enriquecimiento individual a través de los fondos públicos y/o privados que logran captar, así como usar estos pequeños partidos como plataformas de lanzamiento al mercado laboral o a la politiquería salvadoreña y por si las moscas, cualquier estudiante que busque integrarse a ellos con verdaderos principios revolucionarios que busquen ideales de justicia es inmediatamente apartado y marginado, pues al igual que en los macro partidos políticos del país, solo tiene lugar el pragmatismo.

Por supuesto, esto no se queda ahí sino que por desgracia va muchísimo más lejos. La cultura de la imitación propia de la Hegemonía Cultural logra con un éxito bestial que los jóvenes busquen distintas formas de enajenación que les permita sentirse abanderados con el eslogan “sin exceso”. La esencia del fenómeno es la misma en todas las clases sociales que componen el modo de producción periférico en que vivimos, sin embargo, su contenido se configura de forma diferente en cada una de ellas. El trabajo asalariado, enajenante por definición y por esencia, encuentra en las oligarquías retrógradas y apátridas un empuje colosal para no obedecer a corto ni mediano plazo a la ley del valor entorno a la que oscila y que a largo plazo, por mucho que estas clases dominantes lo quieran evitar, terminará siempre por obedecer. Es por ello que al no existir en nuestro país en términos fácticos salarios mínimos sino salarios de supervivencia la enajenación que produce el trabajo se debilita, pues la juventud siente sobre sus hombros el peso de la pauperización, la precariedad y de los sueños que fenecen durante cada jornada laboral; es ahí donde entra la hegemonía cultural a calmar las turbulentas aguas de anhelos de justicia que embravecen los corazones de los jóvenes, pues en lugar de organizarse en movimientos sociales (que recordemos son siempre en una sociedad de clases movimientos políticos también) solo desean que sea Viernes y luego Sábado, ¿les resulta familiar el eslogan “TGIF” y eslóganes afines? Desde ahí las esperanzas de revolución se convierten en cenizas, las cuales son disipadas por el alcohol, las luces neón y el humo cegatón, el sistema capitalista no tiene piedad para con los sueños de un mundo mejor.

Desearía poder decir que las cosas se quedan ahí, sin embargo, lamentablemente de nuevo no es así. La hegemonía cultural al igual que Wall Street nunca duerme y mientras los jóvenes piensan que simplemente se están desprendiendo de la realidad material que los oprime el sistema capitalista está teniendo una reproducción ampliada pero no a nivel económico sino a nivel ideológico, la cual dicho sea de paso, también permite mayores niveles de acumulación, concentración y centralización del capital. ¿Cómo es esto posible? Pues nunca faltarán las promociones de alcohol en sus múltiples presentaciones para que no exista ahorro por parte del proletariado ya que la cultura del consumo no permite semejante sacrilegio a la lógica del capital y las necesidades inherentes a la misma; tampoco faltará a la cita la entrada sin costo alguno para las mujeres, pues ellas son el centro de atracción de cualquier lugar de esparcimiento nocturno en cuestión y en ello me detendré un poco.

Para aquellos luchadores sociales que abogamos por des-mercantilización del sexo y por la des-cosificación de la mujer como objeto sexual, resulta en indignación la forma de existencia actual de los lugares de esparcimiento nocturno de la juventud. Vivimos en una sociedad capitalista y patriarcal, en donde lo primero implica que todo se compra y se vende porque tiene un precio que gira entorno a su valor trabajo (deberá siempre estar disponible en el mercado y sino pues se lleva a este) y donde lo segundo implica que la mujer es vista como un objeto sexual. Conjugándose lo anterior, ¿qué resulta?, que los lugares de esparcimiento nocturno en sus formas de existencia actual son un mercado del cual las mujeres se convierten en la mercancía por excelencia. Simplificando un poco el asunto, las mercancías están compuestas por las materias primas y los materiales de empaque utilizados para producirlas, no solo importa la calidad de las mercancías en sí mismas (la calidad de sus materias primas) sino la calidad de sus materiales de empaque (su presentación), esa es la lógica (aunque aquí expuesta de forma simplista) del proceso de circulación del capital. Por tanto, no es de extrañar que a los lugres de esparcimiento nocturno las jóvenes asistan con las ropas más ajustadas, cortas y con el mayor ornamento complementario a su alcance, pues en ese escenario las mercancías deben mostrarse lo más atractivas posibles para los demandantes; lo anterior significa que el cuerpo o “la mujer en sí” (hablando en términos Kantianos) se erige como la materia prima y su arreglo personal es el material de empaque que conjugado con la materia prima resulta en la “las jóvenes para nosotros” (como diría Hegel luego de refutar la inaprehensibilidad de la cosa en sí que suponía Kant). Las jóvenes no entran a este mercado como oferta sino como mercancías, dado que la oferta son estos lugares de esparcimiento nocturno y la demanda son los jóvenes que van ahí. Como toda mercancía, posee un valor-trabajo (la cantidad de trabajo socialmente necesario para su producción) y entorno a ese valor-trabajo se fija su precio, es por ello que una joven que pertenece a la burguesía exige de sus pretendientes mayores inversiones de dinero que una mujer que pertenece a las filas de la pequeña burguesía o del proletariado. Noche tras noche, fin de semana tras fin de semana, las jóvenes cosifican y su cuerpo se mercantiliza. Por supuesto, el escenario debe ser idóneo para reafirmar esto, por lo cual en esos lugares no puede faltar jamás la música estridente que en sus líricas denigra a las jóvenes, reafirmando su posición de mercancías y con ello, su calidad de ser humano cosificado por la lógica del capital. Claro está que si el género oprimido no hace nada por romper esas cadenas, ¿qué se puede esperar del género opresor?, no mucho. Los jóvenes comúnmente denominan su asistencia a estos lugares como “ir de cacería”, concepción profundamente patriarcal y opresora, sin mencionar también la actitud que en esos lugares ellos tienen, la cual manifiesta que son consecuentes en la visión deformada que poseen frente al sexo opuesto. El alcohol, como buen desinhibidor facilita que actividades biológicamente necesarias, como el alimento o el agua, se convierte en una transacción comercial, al igual que se ha convertido también el alimento y el agua. En este segmento de la juventud (lamentablemente amplio) las redes sociales funcionan como catálogo, como el que tiene cualquier otra mercancía y tampoco en este escenario faltan los que se dedican a re-vender las mercancías, es decir, personas que se dedican a mercar con cuerpos de cualquier forma que les sea posible, consiguiendo por ello alcohol u otro producto que estos mercados tengan a disposición. Mientras las luces neón exhiben esta tragedia humana, hay otra tragedia que no se logra visibilizar, a saber: la venta de drogas y el lavado de dinero que la mayor parte de lugares de esparcimiento nocturno ocurre noche tras noche. “La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas”[7].

Para lo anteriormente expuesto la hegemonía cultural comienza desde temprana edad a trabajar, pues como dije, nunca duerme y prueba de ello son (entre muchos otros ejemplos empíricos) los desfiles de cachiporristas, los cuales exhiben a la mujer como un pedazo de carne fresca mientras la hace asumir que es tal cosa y a los espectadores los hace también asumir que es tal cosa. Conocida polémica fue la que se suscitó cuando Julia Évelyn Martínez se opuso en su calidad de Directora del ISDEMU, siendo consecuente con el Marxismo-Feminismo que pregona, a que se le diera continuidad a los desfiles con cachiporristas, ¿qué sucedió?, pues lo único que podía suceder con la correlación de fuerzas que ella tenía en ese momento: nada[8][9]. Posteriormente atentó la misma contra un pilar aún más fundamental del capitalismo periférico-patriarcal en que vivimos (la aprobación del aborto) y fue destituida inmediatamente de su cargo[10]. ¿Quién dijo democracia?, pues es precisamente esa la cuestión, “Tal vez las clases dominantes nunca se sintieron tan libres como hoy para su práctica manipuladora. La posmodernidad reaccionaria viene teniendo cierto éxito en su propaganda ideológica al proclamar la desaparición de las ideologías, el surgimiento de una nueva historia sin clases sociales, por lo tanto sin intereses antagónicos, sin luchas; al pregonar que no hay por qué continuar hablando de sueños, de utopías, de justicia social”[11].

A nivel de la juventud salvadoreña tiene más repercusión en redes sociales lo que publiquen modelos, deportistas de renombre o celebridades de la farándula que el análisis de coyuntura que pueda realizar un intelectual nacional o incluso, apelando al malinchismo y transculturización (lo primero consecuencia de lo segundo) típicos de la periferia, que pueda Premio Nobel de Economía o un Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. Para no ir tan lejos, el socialite de moda entre la juventud o cualquier cuerpo simétrico generan mayor repercusión entre la juventud que cualquier especialista en Ciencias Sociales, sin importar su grado de prestigio ni su país de origen. La juventud salvadoreña, en términos generales, se encuentra brutalmente alineada, completamente desprendida de su realidad; me quito el sombrero frente a la eficiencia y eficacia de la hegemonía cultural. Sin embargo, “Sería en verdad una actitud ingenua esperar que las clases dominantes desarrollasen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas percibir las injusticias sociales en forma crítica”[12].

[1] El presente Artículo Editorial no es más que la continuación del Artículo Editorial anterior bajo otra línea analítica, aunque utilizando el mismo método de abordaje de la realidad, así como también el mismo marco teórico analítico. Véase https://concienciadeclasesv.wordpress.com/2015/07/30/el-mercado-de-educacion-superior-en-el-salvador/

[2] https://concienciadeclasesv.wordpress.com/2015/07/22/la-juventud-frente-a-las-elecciones-de-diputados-y-alcaldes-2015/

[3] Al respecto dice Marx que “La enajenación del trabajador en su producto significa no solamente que su trabajo se

convierte en un objeto, en una existencia exterior, sino que existe fuera de él, independiente, extraño, que se convierte en un poder independiente frente a él; que la vida que ha prestado al objeto se le enfrenta como cosa extraña y hostil.” (Marx K. (1844). Manuscritos Económicos y Filosóficos. 2001, de MIA Sitio web: http://www.teoriasdelaamistad.com.ar/pagina5/Unidad4/Manuscritos1844.pdf)

[4] Ya diría Marx que “Cuanto más pone el hombre en Dios, tanto memos guarda en sí mismo.” (Marx K. (1844). Manuscritos Económicos y Filosóficos. 2001, de MIA Sitio web: http://www.teoriasdelaamistad.com.ar/pagina5/Unidad4/Manuscritos1844.pdf)

[5] La cual puede definirse como “Ese tipo de poder político que construye una relación en la que un actor político es capaz de generar en torno a sí un consenso, en el que incluye también a otros grupos y actores subordinados. Es decir, un grupo o actor concreto con unos intereses particulares es hegemónico cuando es capaz de generar o encarnar una idea universal que interpela y reúne no sólo a la inmensa mayoría de su comunidad política sino que además fija las condiciones sobre las cuales quienes quieren desafiarle deben hacerlo. No se trata sólo de ejercer un poder político sino además hacerlo con una capacidad de hacerlo incluyendo algunas de las demandas y reivindicaciones de los sentimientos y sentidos políticos de grupos subordinados despoyéndolos de su capacidad de cuestionar el orden hegemónico liderado por el actor hegemónico que lo dirige.” Errejón I. (2014). Hegemonía, Estado y Procesos de Cambio. 2014, de Oximity Sitio web: https://www.oximity.com/article/Entrevista-a-%C3%8D%C3%B1igo-Errej-1

[6] Bauman Z. (1993). La Ética Posmoderna. España: Siglo XXI Editores. p. XI.

[7] Marx K. (1844). Manuscritos Económicos y Filosóficos. 2001, de MIA Sitio web: http://www.teoriasdelaamistad.com.ar/pagina5/Unidad4/Manuscritos1844.pdf. p. 3.

[8] http://www.laprensagrafica.com/el-salvador/social/137135-llevaran-a-sectores-tema-cachiporristas

[9] http://www.laprensagrafica.com/el-salvador/social/214509-directores-decidiran-si-habra-o-no-cachiporristas-en-desfiles-civicos.html

[10] http://www.lapagina.com.sv/nacionales/44607/2010/12/22/Destituyen-a-la-directora-de-ISDEMU-Julia-Evelyn-Martinez

[11] Freire P. (1996). Cartas a Cristina. México: Siglo XXI Editores. p. 100.

[12] Freire P. (1968). La Pedagogía del Oprimido. 2002, de Biblioteca Servicios Koinonia Sitio web: http://www.servicioskoinonia.org/biblioteca/general/FreirePedagogiadelOprimido.pdf

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Elaborado por: Editorial Conciencia de Clase.

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