Leyendo el otro día su artículo titulado “Una Alternativa a Dialogar con las Pandillas”, consideré necesario pronunciarme al respecto[1]. A mi parecer el dialogo con las pandillas es necesario, pero no bajo el esquema que usted plantea, más bien el estado o la población organizada debe someter el accionar violento de las pandillas, si no se hace con dialogo y promesas, algo que veo muy improbable por la actual correlación de fuerzas, debe de ser por medio de la violencia. Las pandillas han dejado de ser exclusivamente aquel grupo de jóvenes hijos de la guerra, al margen de la sociedad y con anhelo de encontrar un sentido de unión o ”familia”. Más bien han pasado a ser epitome de crimen altamente organizado, jerárquico y verticalista con fines de lucro económico para sus ranflas.

Las pandillas en El Salvador han llegado a convertirse en una nueva especie de clase dominante que a pesar de no poseer medios de producción, si controla medios de violencia como armas, organización delictiva y el miedo de la gente, despojando a la clase trabajadora, micro-negocios y a la gran empresa como una nueva clase parasitaria que día a día define en gran medida el estilo de vida de la sociedad civil en términos económicos. Usted entenderá que la historia no evoluciona a través del diálogo y unión sino a través de las contradicciones internas que generan guerra. Yo vivo y he vivido muy cerca de pandillas, entiendo su forma de operar, inclusive, he sido testigo de las grandes injusticias al interior de las clicas donde las ”mascotas” a veces no les dan ni para su comida de lo que recolectan de la renta, y si no reportan justo lo recolectado, les cae “cortón” y si lo hacen reiteradamente, almohada en la cabeza y el finiquito a la vida. De hecho, recuerdo una vez que en una de las comunidades más marginadas de Mejicanos, también una de las más azotadas en la época de la guerra, vi a tres pandilleros recolectores de la renta, comiendo los tres de un solo plato de comida en el suelo, el cual una señora que vendía frescos les había regalado. A fuerza de ser sincero, más que miedo de verlos ahí, me dio lástima verlos comiendo en el suelo con las manos de un solo plato (la verdad se les veía muy hambrientos), cuando les he visto los bolsillos topados de billetes de la renta, también ver el duro trabajo que realizan y el riesgo al que se exponen sumado a lo poco que se les retribuye, cobran renta, son postes, se exponen al sol, a la lluvia, a los golpes de la policía y, en el peor de los casos, a las balas de los contras.

Ahora pregúntese a las manos de quiénes van a parar todos esos millones de dólares mes a mes. He sido testigo, no son los líderes de clicas o ranflas nacionales (pues la mayoría están presos), más bien sus familias consanguíneas son las que llevan la contabilidad y manejan el botín de estas grandes empresas. No con esto digo que los estratos más bajos dentro de la jerarquía pandilleril no se lucran económicamente de la actividad delictiva, más bien que lo hacen de manera desigual respecto a las familias de los palabreros pero más que todo de las ranflas.

En mi opinión, con la misma facilidad que un capitalista va a renunciar a sus privilegios económicos, con esa misma facilidad lo harán las ranflas al interior de las pandillas. En su artículo, usted dice que ”el dialogo debería destinarse esencialmente a la negación de todas las expresiones ilegales de violencia y disminución de la plenitud del goce de los derechos humanos y constitucionales de los ciudadanos”, las maras expresan su dominio económico y control sobre la población civil a partir de la violencia y el miedo. Eso es como pedirle a un capitalista que no explote a sus trabajadores, es decir, es la petición de la negación de su propia existencia.

También muy poco se habla sobre transformar las condiciones que empujan a jóvenes que azotados por la marginación, la pobreza, la exclusión y el traumatismo social generalizado que esto genera, aunado a la ignorancia, a adherirse a esos grupos. No es solo cuestión de crear talleres de trabajo ni ensenarles, por ejemplo, a hacer pan para resolver esto, más bien es necesario abolir este sistema de explotación y violencia económica por parte de la oligarquía nacional, el capital internacional y la clase política. Para eso es necesario que las masas trabajadoras se adhieran al quehacer político, sin embargo, la población civil y su capacidad accionaria está muy debilitada por su alienación ideológica y la poca solidez de su organización. Las clases trabajadoras del mundo somos por naturaleza muy conservadoras, a lo mejor y es un instinto humano que llevamos en el ADN eso de sobrellevar los problemas de la manera en que menos afecte nuestra vida y, que solo en situaciones sociales extraordinarias logremos abandonar una posición pasiva y transitar hacia la acción social; véase por ejemplo el caso de la clase dominante en la Rusa Zarista llevaba siglos explotando a sus trabajadores pero la clase trabajadora no actuó conjuntamente sino hasta llegado un punto crítico: cuando la hambruna empezó a castigar brutalmente estómagos, el desgaste de la guerra se hizo evidente y el desprestigio de la autocracia zarista quedó expuesto al quedar claro que eran peones del Imperio Inglés.

¿Cuál será el ”factor explosivo” que lleve a las masas a la acción en El Salvador? Aun no se sabe pero es casi seguro que la situación de la clase trabajadora venidera no va a mejorar, al contrario, seguirá empeorando. La otra pregunta es si existen los liderazgos que canalicen las energías de las masas enardecidas hacia sendas constructivas rumbo en la creación de una nueva o si seguirá El Salvador el mismo rumbo de las revoluciones de la Primavera Árabe, que a falta de auténticos liderazgos revolucionarios, sucumbieron ante el poder del imperio, desembocando estos procesos sociales en las peores barbaries. Tampoco creo que la solución de este conflicto social sea capaz de brindarla este gobierno, maniatado por el mercado, un gobierno que se limita a ver la problemática como una cuestión netamente político­partidaria, ignorando la complejidad de este asunto. Hay quienes piensan que el problema de las pandillas en El salvador se resolverá asesinando a todos los pandilleros y sus familias, algo que en la práctica es imposible y no afecta al trasfondo o cara oculta de este problema. La única solución es la dictadura del proletariado sobre todo tipo de ente opresor y la transformación de las condiciones que hacen que estos entes existan. Parafraseando a Roque Dalton en sus Monografías, la clase trabajadora debe tomar el poder del Estado en sus manos e inclusive puede dialogar con cualquier ente de grupos previamente burgueses ya despojados de su poder, pero solo si están dispuestos a someterse a la dictadura del proletariado.

[1] Nota Editorial: Este artículo representa una respuesta al artículo de Ricardo Paniagua titulado “La Alternativa a Dialogar con las Pandillas”, publicado en este mismo medio y el cual puede encontrarse en https://concienciadeclasesv.wordpress.com/2015/07/30/la-alternativa-a-dialogar-con-las-pandillas/

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Elaborado por: Javier Valdéz, Estudiante de Ciencias Económicas.

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