En la década de 1980 era común el silencio. Pasar por la calle rápido porque había decenas de cadáveres dispuestos por el camino procurando las escenas más terroríficas. Sin embargo, a pesar de las escenas violentas, de los escenarios de muerte y de terror, la gente seguía su vida sin abrir la boca. Quizá esperanzados en los que sí estuvieron dispuestos a hablar y actuar, muchos de los cuales ahora se encuentran nombrados en el muro del Parque Cuscatlán y que poco a poco algunos sectores añoran dejar en el silencio. Los salvadoreños prefieren olvidar, guardar silencio, porque están acostumbrados a los gobiernos represivos y aunque eso ha cambiado desde los Acuerdos de Paz, aún tienen esa cultura: Callar.

El cierre de Tutela Legal del Arzobispado es una muestra de que el silencio ante las injusticias es lo que necesitan algunos para volver a imponer yugos y desembarazarse de sus responsabilidades, porqué si no se conoce la verdad consideran que están seguros. Algo que parece incomprensible, porqué si tuvieron el “valor” de cometer atrocidades, ¿porqué ahora no quieren asumir las responsabilidades? Ya no estamos en guerra, no hay razón para temer. Afortunadamente los luchadores sociales continúan trabajando por la justicia. Es algo normal en los regímenes represivos el querer borrar la historia, quemar bibliotecas, deshacerse de información que les brinda identidad y tradición a los países. Y El Salvador también ha tenido que vivir esa censura histórica, porque supuestamente olvidar es sinónimo de paz para algunos. Pero olvidan que una persona desaparecida sigue siendo violentada en su familia y amigos. La gente no olvida que eso pasó ni sus familiares ni descendientes. Si no se conoce la verdad no habrá paz. Los familiares de las víctimas no son iguales a los victimarios, no desean la muerte ni la tortura de nadie. Sólo añoran la verdad, lo que tiene la mayoría: conocer donde están los restos de sus seres queridos. ¿Porqué es tan difícil? ¿Acaso es tan grande el odio de estas personas que cometieron estos delitos de lesa humanidad? ¿Estos responsables de desapariciones, torturas y asesinatos quieren seguir torturando a las familias de las víctimas? He visto el dolor de madres y viudas al no conocer el paradero de sus hijos, hijas y cónyuges; gastar todo su patrimonio buscando, incluso vivir la extorsión de grupos sin corazón que se enriquecieron con engaños diciendo que les ayudarían a encontrarlos y que al final solo fueron esperanzas que terminaron en desconsuelo. Y yo, en carne propia, viví la ausencia de mi padre por gente que disfrutaba matar a personas que creían en la justicia, en defender los derechos humanos. ¿Se debe olvidar entonces que hay gente mala y debemos guardar silencio? No lo creo. El cierre de Tutela Legal es un punto negro en nuestra joven historia de Posguerra, es una demostración que los sectores que cometieron maldades añoran seguirlas cometiendo y haciendo más fuerte y grande el dolor de quienes sufrieron al ver a sus familias desaparecer y morir. Pero claro, para estas personas es mejor dejar todo en el silencio, así sucede con la gente que sabe que ha cometido un error.

Prefieren que no se reconozca, que no se vea para no asumir la responsabilidad, para no ser correctos y aceptar: “Nos equivocamos”. Porque aceptar errores y enmendarlos es de personas grandes, de ser humanos que desean el bien común, la justicia, el respeto para la humanidad. Y callar nuestra historia nos vuelve cómplices de los que cometieron injusticias.

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Elaborado por: Mauricio Vallejo Márquez. Escritor e Intelectual Salvadoreño, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Director del Suplemento 3,000 del Diario Co-Latino.

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